EL CRISTO DE MEDINACELI Y MIGUEL DE CERVANTES CAUTIVOS RESCATADOS POR LA ORDEN TRINITARIA

La orden de la Santa Trinidad y de los Cautivos, fundada por el francés San Juan de Mata con el también francés San Félix de Valois, fue la primera institución oficial de la Iglesia dedicada al servicio de la redención de cautivos, sin armas ni violencia, aprobada por el papa Inocencio III el año 1198.

Entre los miles y miles de cautivos rescatados por la orden vamos a destacar dos verdaderamente emblemáticos: la imagen del Cristo, conocido popularmente como de Medinaceli, y la persona del más grande de los escritores españoles, Miguel de Cervantes.

El Cristo de Medinaceli (antes Señor de la Mámora)

Es una talla o representación de Cristo en madera, en tamaño natural, atado y flagelado. Imagen que responde a las palabras de Poncio Pilato, Ecce Homo, al presentar a Jesús al pueblo de Jerusalén.

Parece que fue encargada, hacia el 1645, a un taller sevillano por los frailes Capuchinos y el obispo de Cádiz, Fray Francisco Guerra, perteneciente a esta orden, dispuso que se trasladara a la Mámora, población fortaleza situada en la Costa de Marruecos que era de su jurisdicción.

Los españoles de Felipe III había conquistado y fundado esta población, situada a 115 km de Larache, en 1614. Tras haber conquistado esta ciudad en 1610, con el fin de controlar la piratería que infectaba esas costas. Ambas poblaciones se mantuvieron durante todo el reinado de Felipe IV y parte del de Carlos II, pero sufriendo hasta 9 asedios en ese tiempo; debiendo capitular en abril de 1681, ante fuerzas muy superiores del rey de Marruecos Muley Ismael y su general Omak.

Fueron pues unos treinta y tantos años en los que el Ecce Homo encargado por los capuchinos fue el verdadero Señor de la Mámora, al que tanto los componentes de la guarnición militar como los pobladores civiles rendían una sincera y fervorosa devoción, y que sufrió la misma suerte que ellos al rendirse la plaza. No fueron respetados los términos de la capitulación y todos fueron esclavizados hasta que fueran rescatados, como también la imagen del Ecce Homo, que había sido igualmente trasladada a Mequínez, ciudad de Marruecos donde eran concentrados los cautivos, principal y lucrativo negocio del rey de Marruecos y de sus súbditos.

La imagen había sido sacada del estercolero, donde la habían tirado éstos, por Fray Diego de los Ángeles, fraile trinitario que regentaba un pequeño hospital en Mequínez, donde atendía a los cautivos, y allí la tuvo escondida, tras lavarla y cubrirla con fardos, a fin de que pudieran llevársela los cautivos cuando fueran rescatados.

Esto ocurrió casi un año después, con el envío por el duque de Medinaceli, primer ministro de Carlos II, de representantes del Consejo de Guerra para tramitar los términos del rescate, con algunos caudales que completará, en mucha mayor cuantía los frailes trinitarios Fray Juan de la Visitación, Fray Jesús María y Fray Martín de la Resurrección, con las limosnas recaudadas.

A punto de partir los cautivos, ya liberados, uno de los funcionarios moros, quiso examinar el fardo donde había sido escondida la imagen del Nazareno y, al ser descubierto, el rey, Muley Ismael, exigió se pagara por él como si fuera cautivo. Treinta doblones de oro exigió que pagaron los frailes.

Unos días después tras largas caminatas a pie hacia el Norte, entraron en Ceuta, el 28 de enero de 1682, los liberados de la Mámora, portando en andas, en emocionante procesión a Jesús Nazareno Cautivo y Rescatado, que lucía en el pecho el escapulario de la Orden Trinitaria. Procesión que se repitió en diferentes ciudades antes del establecimiento de la imagen en el convento de frailes trinitarios de Madrid, en agosto de ese año, 1682, donde no permaneció más de siglo y medio por la supresión de las órdenes religiosas de 1836, pasando a diferentes parroquias, hasta que en 1845, por intervención de otro duque de Medinaceli, es instalada en la iglesia del convento capuchino de la calle de Jesús, Iglesia a la que Pablo VI elevó a categoría de basílica el 1-IX-1973.

Y pasamos ya a ocuparnos del otro gran cautivo rescatado por la Orden Trinitaria.

Miguel de Cervantes (1547-1616)

Tenemos recuerdo en el Santuario de sus palabras sobre la romería del Cerro de la Virgen de la Cabeza, expresadas por uno de sus personajes: la Peregrina de su última obra Los trabajos de Persiles y Segismunda.

Su cautiverio tuvo lugar en el momento más importante de su trayectoria vital, que quedó truncada por esa desgracia. Volvió a España, en 1575 en la galera El sol tras haber tomado parte en la batalla de Lepanto y en la campaña de Oran, con cartas muy laudatorias de los jefes de ambas, don Juan de Austria y duque de Sesa, en las que se les recomendaba para puestos importantes, cuando la galera fue apresada por los turcos y llevados a Argel, convertidos en esclavos, todos los que estaban en ella.

Cinco años permaneció cautivo Cervantes, porque las cartas hicieron pensar a sus sucesivos amos, que se podría obtener gran beneficio de su rescate, mientras tanto murieron, en1578, sus dos valedores Don Juan de Austria y el duque de Sesa, y cuando Cervantes llegan por fin a España, gracias a que el fraile trinitario Juan Gil pudo reunir los 500 escudos de oro que el virrey, o gobernador de Argel por el sultán de Constantinopla, exigía por él, se encuentra sin apoyos; enfrentado a una dura vida.

Va a intentar obtener algún empleo de los cuatro que están vacantes entonces en las Indias, y para ello envía al Consejo de Indias una petición acompañada del informe de lo que había hecho durante su cautiverio en Argel en servicio de su Majestad.

Esta información, con certificaciones juradas de testigos, había sido presidida por Fray Juan Gil, representante del rey de España y del pontífice en Argel y es importantísima para la biografía de Cervantes. Conservada en el Archivo de Indias de Sevilla fue dada a conocer el año 1804 por Ceán Bermúdez, y publicada completa en la Revista de Archivos Bibliotecas y Museos en mayo de 1905. En el número extraordinario en conmemoración de la primera parte del Quijote.

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