En esta ocasión nos ha parecido oportuno contar como estaba la Abadía en el ocaso de su existencia en 1833. Se trata de una guía del estado en que se encuentra la iglesia a principios del siglo XIX, ocupando la sede de San Pedro, Gregorio XVI. Pero lo que nos interesa es el estado de la Abadía alcalaína. Podemos leer: Real insigne abadía de Alcalá la Real, de real patronato. Y continúa contando la historia de la institución: Fue erigida mediante bula apostólica por el Rey Don Alfonso XI en 1340, con todos los privilegios episcopales y territorio separado “vere nullius sed propiae diocesis” y sufraganea de Toledo, y otros muchos privilegios; siendo el último el decreto del señor rey Don Carlos III, para que siempre se provea en un obispo consagrado.
Continúa la Guía informando de quien era el Abad en ese año, Abad Mayor Perpetuo el Ilustrísimo señor don Fray Antonio Sánchez Matas, de la orden de San Francisco. Y hace una breve biografía: Nació en Robleda, diócesis de Ciudad-Rodrigo, en 27 de setiembre de 1762. Trasladado a esta real abadía del obispado de Nuestra Señora de la Paz, en América, en mayo de 1827. Completamos la biografía: Hijo de Antonio Sánchez-Matas y de María Sánchez- Nicolás, de cierta relevancia rural, ingresó en el Convento Franciscano de la Observancia de Cuidad Rodrigo (Salamanca) a los quince años. Después de su ordenación sacerdotal fue colegial mayor del Colegio de San Pedro y San Pablo de la Universidad de Alcalá de Henares, además de lector (doctor) y maestro de Teología de dicha Universidad. Dentro de la Orden Franciscana aparece como “confesor y predicador para ambos sexos”, rector de varios conventos y dos veces provincial de dicha Orden. El 27 de julio de 1818 fue propuesto por el rey Fernando VII para ocupar el obispado de Nuestra Señora de La Paz en el Alto Perú (Bolivia), en plena vorágine independentista del territorio hispanoamericano, atendiendo, además de a sus méritos personales y religiosos, a su fidelidad realista. Una vez recibidas las bulas de provisión, expedidas por el papa Pío VII (24 de diciembre de 1818), inició un accidentado viaje desde Plasencia (Cáceres), a principios de 1820, hasta Sevilla, donde acababa de pronunciarse, en Cabezas de San Juan, Rafael del Riego y se iniciaba la andadura del Trienio Liberal. Al fin, el 21 de abril de 1820, embarcó en Cádiz para tierras limeñas, donde fue consagrado por el arzobispo, Bartolomé de las Heras, y tomó posesión de su obispado de La Paz (11 de agosto de 1521). Poco antes había escrito para su feligresía una carta pastoral con el título Sobre la verdad de la religión de N. S. Jesucristo y precepto de la caridad con el prójimo, en la que explicaba que el principio de autoridad procede de Dios y Éste lo deposita en el Rey, al que hay que obedecer, y que “la nación española ha sido nuestra madre, nuestra nutriz y nuestra maestra y que a ella le debemos nuestra creencia, nuestra civilización y aun los progresos de las artes”. Termina la pastoral con una adhesión al Rey y una exhortación a que no siguieran el movimiento revolucionario. Una verdadera prédica política que inflamó a los independentistas y provocó recelos y disensiones. Siguió actuando en esta misma línea, según se desprende de la circular de 1821, por la que mandaba a los curas predicar el alistamiento realista voluntario, o la de 1822, para incitar a la obediencia de España. En 1823 obtuvo de su clero, por la fuerza, 9000 pesos para obsequiar al Ejército realista. El 28 de enero de 1825, consumada la independencia con la victoria de Ayacucho, delegó su jurisdicción en el Cabildo catedralicio y abandonó la ciudad, junto a la guarnición española y, el 15 de agosto, renunció a su diócesis en Buenos Aires y embarcó para España. Pero antes, en enero de 1824, ya había solicitado la renuncia a través de cartas al Rey, al Papa y a la Cámara de Indias; pero no fue aceptada hasta más tarde, mediante hechos consumados.
En cuanto a su labor apostólica, aun con grandes deficiencias y dificultades, la llevó a cabo dignamente, confirmando a más de cuarenta mil feligreses o promoviendo la creación de pueblos y escuelas donde pudieran vivir en paz indios y españoles. Fernando VII lo condecoró nombrándolo caballero de la Gran Cruz de la Real Orden americana de Isabel la Católica y del Consejo de Su Majestad y, a finales de 1826, se le concedió la Abadía mitrada de Alcalá la Real (Jaén), abadía que contaba con cuantiosas rentas y tenía una extensión de más de 20 leguas, dominando la ciudad y dieciséis pueblos. En mayo de 1827 entró en Alcalá y tomó posesión de su nombramiento, cuando acababa de cumplir sesenta y cinco años, con gran recibimiento; pero sus tendencias ultrarrealistas hicieron que tuviera roces con el Ayuntamiento alcalaíno y que en 1835 fuera desterrado a Melilla por su apoyo a los carlistas, durante tres años, aunque sólo sufrió el ostracismo unos meses. En 1851, mediante la firma del Concordato con la Santa Sede, se suprimió la Abadía de Alcalá y el resto de “jurisdicciones privadas y exentas”; por ello, al morir Sánchez-Matas dos años después, pasó oficialmente a formar parte del obispado de Jaén. El 9 de junio de 1853 murió el último abad mitrado de Alcalá, con noventa años, tan pobre como vivió, pese a sus treinta y cinco años de pontificado. La azarosa vida que le tocó vivir y sus ideas realistas intransigentes marcaron la actividad pastoral de un hombre de gran preparación y valía personal. Antonio Sánchez-Matas fue enterrado en la iglesia de la Consolación de Alcalá la Real.

Continuamos con la forma en que estaba la abadía en los tiempos de su fin. Esta insigne iglesia forma un cabildo de 24 individuos y competente número de otros ministros. La abadía comprende 12 pilas bautismales, y en las 5 principales parroquias se hallan erigidos 12 beneficios, que cada uno sirve por dos tenientes.
El cabildo eclesiástico de la Iglesia Mayor estaba formado por:
D. Juan de Pala y Villalva
Doctor D. Joaquín María Suárez, inquisidor de Granada y del Consejo de su majestad, ministro honorario del tribunal apostólico.
Eminentísimo señor don Juan Francisco Marcó y Catalán, cardenal de la Santa Iglesia romana.
Doctor don Tomás González del Consejo de su majestad, auditor de la sagrada rota.
Presbíteros:
Doctor don Antonio María Ruiz, abogado de los Reales Consejos, Don Francisco de Paula García Calatayud, Don Juan Agustín Pariente, don Manuel Valencia, licenciado don Ildefonso Cejalbo Pineda, del Consejo de su majestad, auditor honorario de la sagrada rota, don Juan de Dios Sánchez del Peral, don Ignacio López Nieto, don Rodrígo Gamez, don Enrique Diaz de Arjona, don Alonso de Vacas y Velasco, don Francisco Cano Caballero, don José María Ortiz, don José María Alcalá, don Francisco Solano Gutiérrez, don Pablo Jiménez de Alcántara, Juan José del Barrio, don Antonio García Cañuelo, don Bernardo Heloi de Arjona, don Agustín José de Alcaraz.
Señores beneficiados propios de las iglesias por antigüedad.
De la Santa Iglesia mayor y Santo Domingo de Silos de esta ciudad de Alcalá la Real, por estar como vienen de antiguo incorporados.
Don Juan de Pala y Villalva, doctor don Joaquín María Suárez, teniente vicario general castrense. Eminentisimo señor doctor don Juan Francisco Marcó y Catalán, cardenal de la santa iglesia romana.
Doctor don Tomás González, dignidad de maestrescuela de la santa iglesia de Plasencia y beneficiado de la universidad de Baeza.
De la iglesia parroquial de Priego.
Don Marcos Trujillo y Ordoñez, doctor don José Antonio Barranco, don Isidoro Soriano, Otro beneficio que posee la Compañía de Jesús.
De la iglesia parroquial de Castillo de Locubín.
Don Juan Manuel Álvarez de Faria, dignidad de arcediano titular de la santa iglesia de Badajoz. Don Gabriel Vegas.
De la iglesia parroquial de Carcabuey, único beneficio que poseen las señoras Salesas de Madrid.
Curia eclesiástica.
El Ilustrísimo señor obispo abad. Provisor y vicario general doctor don Joaquín María Suárez. Fiscal general eclesiástico y de obras pías don Francisco Solano Gutiérrez. Notarios mayores, don Juan García Taheño, don Eugenio Sánchez Matas. Teniente vicario general castrense, doctor don Joaquín María Suárez.
Principales familiares de S. S. I. Secretario de cámara y y gobierno, interino, don Domingo Antonio Ruíz, mayordomo, don Eugenio Sánchez Matas. Limosnero, Padre Fray Salvador Hermano. Maestro de ceremonias, don Ignacio López Nieto. Visitador general del juzgado de rentas decimales, juez, doctor don Joaquín María Suárez. Notarios mayores, don Antonio Benito Villanueva Sainz, don Juan García Taheño. Señores jueces de Cruzada. Doctor don Joaquín María Suárez. Señores jueces del subsidio eclesiástico. Licenciado don Ildefonso Cejalvo y Pineda, doctor don Joaquín María Suárez. Juez colector de anualidades. Doctor don Joaquín María Suárez. Señores vicarios eclesiásticos de los partidos, de Priego, don Simeón Barea. Del de Carcabuey, don Eulalio Rafael Ortiz y Serrano. Del de Castillo de Locubín, don Francisco Abril y Mesa. Del de Noalejo, don Juan Luis Gutiérrez . Señores curas tenientes de S. S. I. De la parroquial de santa María la mayor de Álcala la Real, don Alonso de Vacas y Velasco, don José Serrano. De la de santo Domingo de Silos de la misma don Pedro José Ochoa, don Luis de Córdoba. De la parroquial de Priego, don José Clemente de la Plaza, don Julián Serrano Calvo, don Juan Toledano, de la de . Carcabuey, don Euladio Rafael Ortíz y Serrano, don Pedro José Ramírez. De la del castillo de Locubín, don Bernardo Fernandez. Don Juan Antonio Peinado. De la de Noalejo, don Joaquín de Luna, cura propio. De la de ayuda de parróquia de Frailes, don Vicente Bermudez. De la de la Almedinilla, don Manuel Valeriano Calmaestra. De la de Fuente Toxar, don Antonio de Leiva.
De la de Castil de Campos, don Bernabé Quintin de Gamiz. De la de Zamoranos, don Diego de Arcos y García.
Poco después en 1851 llegaría el final de la Abadía de Alcalá la Real por las disposiciones del Concordato del mismo año que estipulaba el cese de las jurisdicciones privilegiadas y exentas. La administración apostólica quedó encomendada entonces al obispo de Jaén. Con muchos años, resignado y tranquilo, falleció en su palacio a las nueve de la noche del día 9 de junio de 1853, a los noventa años. El cabildo abacial declaró la sede vacante. Fue enterrado en la capilla de Santa Rosa, de Consolación.