REPRESENTACIÓN DE LA VIRGEN DE LA CABEZA

Un año más esta publicación nos deja que desde sus hojas contemos historias a quienes puede interesar. Y yo me siento contenta de poder dirigirme al resto de hermanas de tan señera cofradía de Alcalá la Real. Este año hemos decidido que el tema sea un comentario sobre las representaciones de la Virgen de la Cabeza. La que se encuentra en el Cerro de la Cabeza en Andújar y la del Cerro de San Marcos de Alcalá la Real. Vamos con la iliturgitana.

La desaparición de la imagen de Nuestra Señora de la Cabeza impide saber su tipología y catalogación. Los que la vieron sin aditamentos como don José Pérez de Vargas, conde de Quintería, la describió, y Santiago de Morales Talero la transcribió en un interesante trabajo de iconografía en 1960, lo que ha permitido asegurar que se trataba de una Theotokos, con intercomunicación de sendos personajes, al modo del realismo gótico del siglo XIII, en correspondencia con el reinado de Fernando III que pudo entronizarla bajo la advocación de la Asunción, el nombre canónico de la imagen y de su santuario.

Sigue un culto intensificado en los finales del Medievo eclosionando en el siglo XVI, con el levantamiento, por parte del arquitecto diocesano Andrés de Vandelvira, del nuevo santuario, aderezado del rico mobiliario entre lo que cuenta el arte, iniciado con el retablo de pintura que realiza Antonio Sánchez, el mejor pintor entonces en Jaén, seguido de la reja que en 1564 labraron los sobrinos del gran forjador Maestro Bartolomé de Salamanca, con la escena de la Asunción en la sobrepuerta al modo de medalla izada a los Cielos por dos ángeles mancebos, haciendo tangible la realidad de la Virgen titular, siempre oculta por velos, descorridos en contadas ocasiones.

Al Renacimiento, con su carga de idealismo clasicista, sucede el naturalismo Barroco, persistente hasta alcanzar los neoclasicismos del siglo XVIII. Ahora lo que interesa es mostrar lo real y se impone el “vero retrato”, como lo aseguran los pintores en las cartelas que acompañan las obras. Con la teatralidad del Barroco, la escena principal, que es la Aparición, será el elemento esencial y, en ocasiones, repartiendo protagonismo con la romería de abril.

Según la tradición, la Virgen, sobre una piedra, bajo la encina con el esquilón avisador del portentoso hallazgo y un par de aves en el ramaje, acaba de aparecerse al manco Juan de Rivas, de hinojos sobre el rebaño en el paisaje serrano, dejando visionar el santuario y las puntiagudas tiendas de lona blanca con banderolas que alberga la multitud romera pululante en el lugar.

Es precisamente en el barroco cuando el sencillo devoto, precisaba la apoyatura de ese “vero retrato”, por ello en el siglo XVIII aparecen los camarines, para mostrar en lugar de ocultar. Ahora la divinidad se exhibe directamente, en habitáculos altos y alhajados, a modo de joyeles celestiales y misteriosos. El de la Virgen de la Cabeza de 1698, pudo ser pionero en Andalucía, así pues los camarines marcan el fin, o al menos la progresiva claudicación de las representaciones pictóricas de la Virgen.

La imagen de la Virgen de la Cabeza alcalaína es diferente, adquirida en 1940 es obra del imaginero José Gabriel Martín Simón, escultor granadino. Su importe fue de 600 pesetas. Se trata de una imagen de vestir, no es talla de bulto, o sea, se tallan cara y manos y el cuerpo se cubre con vestimenta. Los ojos son de cristal, produciendo una mirada dulce y serena, cumplimenta el vestido un fajín de generala, con gesto de ofrecer a su Hijo para la salvación de los hombres.

La imagen del Niño Jesús es posterior a la de la Madre, se trata de una escultura procedente de la imagen anterior, desaparecida en la Guerra Civil, y que una devota guardo y hoy luce en las manos de la Virgen, esta Niño Jesús puede ser del siglo XVI.

Ambas imágenes están coronadas, la de la Virgen María, es antigua, del siglo XVII. Se trata de una pieza de plata sobredorada, fundida y labrada con incisiones, presenta un gran número de añadidos con el fin de suplir a algunas piedras manteniéndose los cabujones.

Se le añaden atributos como es el madroño y el resplandor, es este obra de orfebrería en la que aparecen campanillas y ovejas, en recuerdo de la campana que oía Juan de Rivas cuando se le aparecio la Virgen mientras guardaba sus ovejas en la Sierra Morena. Y un apunte , la Virgen no es morena, tal vez porque el humo de las velas no han ensuciado su cara.

Este año ha sido especial, la tarde del martes 24 de febrero esa tarde del martes, nos visitó la imagen peregrina de la Virgen de la Cabeza. Fue llevada en procesión hacia la Ermita de San Marcos, sede de la imagen de la Virgen de la Cabeza desde la fundación de su cofradía en 1561. La cofradía, una de las más antiguas que concurren a la romería en Sierra Morena, inició con esta procesión los momentos más singulares y cercanos a la expresión de su devoción a la Morenita. Las banderas e insignias dieron colorido y aires romeros al desfile, y los sones de la banda de música acompañaron con alegría a la Virgen peregrina y a la imagen alcalaína, que también subió en procesión hasta su ermita.

Una vez allí, la celebración de la Eucaristía de despedida llenó también la pequeña Ermita de San Marcos, y muchos fieles tuvieron que participar desde el exterior gracias a la megafonía instalada.

La imagen peregrina pernoctó en su ermita, acompañada durante gran parte de la noche por varios cofrades y devotos que quisieron estar junto a ella en oración antes de ser entregada a los fieles de la parroquia de Santa Lucía de Frailes en la mañana del 25 de febrero.

Un encuentro de las dos imágenes grabado en el corazón de los hermanos y devotos que vistieron la jornada de luz, fe y devoción.