Discurso 50 aniversario de salida de alumnos de la SAFA en Úbeda

Y ustedes se preguntarán, ¿que hace una chica como esta es un sitio como este?. La solución es fácil como mujer de uno de estos aguerridos chicos, me pidieron que leyese yo este discurso, y sin medir bien el enredo en que me metía dije sí, y he de confesar que me he arrepentido en varias ocasiones, pero con el ánimo y el espíritu de una safista consorte, o con suerte, que no se que va primero ahí llevan este discurso.

 

Señor rector de la Institución Safa, Señora directora del Centro de Úbeda, Señora alcaldesa, autoridades educativas presentes, personal de SAFA, queridos exalumnos, sufridas esposas y compañeras de fatigas, señoras, señores, amigos.

 

En 1962 entrasteis entre estas paredes, con un montón de sueños adolescentes debajo del brazo, vuestros padres os hablaban del futuro, sin embargo para muchos de vosotros el futuro no iba más allá del fin de semana, de la chica con la que empezabais a salir o de la fiesta a la que os había invitado algún amigo.

 

La entrada en este colegio supuso dejar vuestras casas y el calor de vuestras familias para enfrentarse a los estudios de FP, significó para vosotros un gran esfuerzo de adaptación a las exigencias de la nueva vida educativa. Tener varios profesores en lugar de una sola maestra, cambiar rápidamente de aula a ritmo del timbre, evitar los gélidos fríos de La Siberia o superar esa terrible frase del profesor: Saquen una hoja. Aprobar los exámenes de fin de curso exigía cambiar y pensar rápidamente, levantarse cuando entraba el profesor, era todo un mundo nuevo.

 

Entre estas paredes os habéis divertido, estudiado, divertido, crecisteis, os divertisteis ….  y sin proponérselo respondisteis a una pregunta que se habían hecho los filósofos de todas las épocas: ¿Que es la felicidad?. Ortega y Gasset mantenía que la felicidad que sentimos es directamente proporcional a la cantidad de tiempo que pasamos ocupados en actividades que absorben completamente nuestra atención y nos agradan. La felicidad se produce cuando coinciden lo que él llama “nuestra vida proyectada”, que es aquello que queremos ser, con “nuestra vida efectiva”, que es lo que somos en realidad. Si os fijáis en vuestros álbumes de fotos, las viejas de papel, o las que tenéis en vuestro móvil, todas son siempre de momentos felices. Tenemos fotos de bodas, comuniones, con los amigos haciendo el gamberro, la clásica de los compañeros de curso posando en el patio del centro, las de nuestros hijos, y para muchos las de sus nietos, en resumen todas son fotos de momentos felices. Y eso es la felicidad, ir de un momento feliz a otro momento feliz. Todos tenéis fotos tomadas entre estas paredes, y archivadas en vuestro disco duro, que algunos ya tenéis desprotegido, sin nada o con poco que peinar. Son fotos inolvidables, muy queridas.

 

Aquí inventasteis la amistad, y después usasteis ese invento a lo largo de vuestras vidas. Pero no todos tienen la suerte de seguir usando ese invento después de 54 años de haberlo creado. Vosotros sois tremendamente afortunados. Primero gracias a la tozudez de Gervasio Agudo, que os ha mantenido unidos en el tiempo y en la distancia. Y en segundo lugar, muy importante seguís manteniendo el mismo afecto que cuando llegasteis, y eso se ve cada vez que os abrazáis y os fundís en en caluroso saludo de bienvenida o de despedida.

 

De los pantalones cortos pasasteis a los largos, que importantes os sentíais con los largos. Sí porque en aquella época lejana existían los pantalones cortos, pero chaqueta y corbata obligatoria, zapato y cartera, aunque  los mas liberales traían los libros en la mano con una carpeta de anillas empapelada con los futbolistas del momento. Luego llegaron los tejanos, esa rara prenda que despuntaba entre los más hippies. No hay que aclarar que el colegio era solo de varones. Una monotonía, que ahora resultaría insoportable a las nuevas generaciones.

 

El progreso se reubicó en este solar para continuar su misión educativa, y que hoy nos recibe con tanta cordialidad. En estas aulas, habéis recibido instrucción y educación, formación y valores. Practicasteis el respeto y aprendisteis enseñanzas y vivencias de aquellos profesores que hoy vamos a recordar: no sería justa sino los mencionara a todos, pero ni el tiempo ni la memoria alcanza… disculpadme, pero no me resisto a mencionar a:

Don Francisco Moya: con sus pantalones de campana y sus lunes futboleros.

Don Jaime Roselló: Presto a ayudar en caso de terremoto.

Don Bernardo López Aparicio:

Don Fernando Cueto: Excéntrico y algo despistado.

Don Manuel Coto: “El voa”. Vasco en ejercicio. Maestro de taller al que se le debe el sagrario de plata. Don Manuel, es imposible sacar nada de nada sin aplicar este principio repetir, repetir repetir.

Padre Tamargo, desde que eras nuestro hermano siempre te hemos querido y respetado.

Padre Rafael Navarrete, alma de aquel colegio, respetado en la ciudad de Úbeda, pero terroríficas  eran sus lecturas de notas en aquel tribunal con inspectores.

 

Algunos de ellos han partido ya a otras aulas, mucho más elevadas en pos de sabidurías superiores. Sí me permitís, os pediría un instante de recogimiento en memoria de todos ellos. (Muchas gracias).

 

Erais chicos de costumbres y vidas sencillas, sin mayores recursos. Ese aprendizaje significó algo diferente para cada uno, pero ciertamente os convirtió con orgullo en una comunidad de amigos, de universitarios, de empleados, de empresarios, profesionales, que seguís siendo alumnos veteranos, pero actuales de este colegio.

 

Al salir de aquí, en el lejano 1969, cada uno peleó con mayor o menor fortuna por lograr otros títulos, pero el más importante lo conseguisteis aquí, formando un equipo entre alumnos y profesores; y no fue el de Maestría Industrial, sino el de BUENAS PERSONAS. Alguien dijo que el éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo. Mirad a vuestro alrededor y comprobad como el entusiasmo esta intacto. Como intacto está el recuerdo de los profesores que os marcaron. Gracias a todos ellos y gracias a las actuales autoridades de la SAFA que nos permiten este reencuentro.

 

            Y como bien dice aquel antiguo himno:

En este atardecer

de nuestro caminar

todos defenderemos

Pan, Paz, Justicia, y Verdad.

Bajo el mismo techo

en donde aprendimos

que letras y ciencia

son nuestro camino;

bajo el mismo techo

diciendo seguimos

Libertad y Justicia

son nuestro destino.

 

Dios quiera que el grato recuerdo de este encuentro celebrando el quincuagésimo aniversario de vuestra salida de esta institución, os ilumine, porque cada uno de los que lleváis la SAFA en el alma invertisteis mucha vida entre estas paredes. Es un placer estar aquí con vosotros y es un orgullo pertenecer, aunque sea por matrimonio a este grupo.

 

La SAFA no es solo un colegio, es un sentimiento y no se puede parar. Estimados antiguos alumnos de SAFA, entre estos muros transcurrieron años dorados de descubrimientos, de energía inacabable, de fuertes amistades, oportunidad de descubrimiento interior para ser mejores personas.

 

A todos muchas gracias por dejarnos este espacio y por su atención. Estamos en casa, disfrutad y bienvenidos.