APUNTES PARA LA HISTORIA DE LA FOTOGRAFÍA EN ALCALÁ LA REAL

Es tanta la afición y los avances de la fotografía en nuestros tiempos, que remontarnos a sus orígenes puede parecernos regresar a la prehistoria. Cualquiera, con su móvil -por ejemplo-, puede conseguir una instantánea de alta calidad, sin preocuparse del enfoque, la velocidad, la resolución, el revelado, etcétera.

Todo empezó a mediados del XIX. Cualquiera puede acceder a los distintos medios de información para ensanchar sus conocimientos respecto a ese arte, pero no es éste el objetivo de mis líneas. La casualidad y la amistad me han hecho llegar la fotocopia de un prospecto de tamaño octavo, curiosísimo para cualquier interesado y mucho más para un cronista. El anverso está impreso, y el reverso, manuscrito. La cara grabada dice así:

“RETRATOS AL DAGUERREOTIPO. á 40 y 48 rs, vn. Estos retratos se pueden hacer en las casas particulares; se dan lecciones de daguerreotipia públicas o particulares, a precios equitativos. CURSO DE TAQUIGRAFÍA, o Arte de Seguir la Palabra Escribiendo: en 4 lecciones. Lo enseña M. Robert por el método de M. C. Marmet. PRECIO DEL CURSO 40 RS. VN. Permanecerá en esta población dos días. Vive posada de la calle Real.”

Aclararé algunas notas a este anverso: el folleto estaba preparado para cualquier lugar, por lo que aparece en letra manuscrita lo previsto para Alcalá: “40 y 48 reales”, “4 lecciones”,dos días”. “posada de la calle Real”. En 1848-49, en esta calle, número 10, tenía una posada Cristóbal Millán, lugar céntrico para esta oferta. Exactamente frente al paseíllo de la Mora.

El reverso está totalmente manuscrito y dice así: “ Alusión a las Fiestas. El descanso de un osioso. Un osioso muda de religión cada día de semana. El Domingo es Cristiano; el lunes Griego; el martes Persa; el miércoles Asirio; el jueves Egipcio; el viernes Franco; y el sábado Judío; por manera que siendo estos los días de descanso establecidos en los diferentes pueblos, resulta para él serlo toda la semana. Esto, poco más o menos, sucede en España con la multitud de fiestas o sea patrimonio de la Curia Eclesiástica. Imparcial del 30 julio de 846.”

Notas al reverso: el contenido del mensaje pertenece, supuestamente, al pensamiento de un liberal de la época, crítico e irómico, que lo recoge de un periódico de la misma ideología. Existió esta cabecera de “El Imparcial” en Madrid; era de noticias y de carácter político y literario. Lo editó José María Villalobos, diariamente, excepto domingos, aunque fue muy efímero, ya que sobrevivió del 1 de abril de 1846 al 1 de febrero de 1847.

Con estos preliminares, llega el momento de algunas conclusiones:

  1. Si el dorso está fechado en 1846, podría afirmarse que la cara es, más o menos, de la misma fecha. El autor del escrito aprovechó el papelito de propaganda para anotar aquella reflexión que le había llamado la atención.
  2. Es más difícil concluir, pero es posible, que la nota manuscrita fuera reseña de una noticia anterior, y que quien la escribió usó un papelucho que encontró a mano.
  3. Si se admite la conclusión primera, la antigüedad del prospecto quedaría plenamente demostrada, pudiendo afirmarse que el daguerreotipo había llegado a nuestra ciudad a tan sólo siete años de su presentación y difusión universal. Fue en 1839 cuando lo hizo público su inventor, Luis Daguerre, en París.
  4. Si se acepta la conclusión segunda, no se merma demasiado el interés, ya que seguiría siendo un dato atrayente y temprano en cualquier investigación sobre este invento.
  5. El paso fugaz del tal M. Robert por Alcalá (dos días, cuatro lecciones) nos hace pensar que su objetivo primordial era hacer retratos a domicilio, entre los más adinerados (40 y 48 reales de vellón, cifra bastante atractiva para un negociante).
  6. También pudo ser -existen precedentes-, que este ofrecimiento fuera una manera de costearse un viaje por España, país muy atractivo en estas décadas para los románticos. Algunos de ellos dejaron sus impresiones en los libros de viajes y en estampas al gusto de esta corriente artístico-literaria. Se sabe que tales virtuosos llegaron a usar el nuevo invento para, posteriormente, en sus lugares de origen, estampar sus imágenes en extraordinarios grabados.
  7. Si se acepta lo anterior, quizás M. Robert fuera uno de ellos. Pendiente queda de una mayor indagación.
  8. Existió en estos años un afamado pintor inglés, llamado David Robert, del que poseemos un extraordinario grabado de Alcalá la Real. Claro, que este artista se llamaba David y el del folleto es M, con mayúscula, a no ser que quisiera abreviar el tratamiento de míster. O que fuera alguien de esta familia y oficio. Pero todo ello son suposiciones, sin valor probado.

A los cincuenta años ya existía en nuestra ciudad un considerable número de aficionados a la fotografía, ligados, en ocasiones, a las boticas y sus laboratorios.

Empezaré citando a Pedro de Pineda y Garnica, del que conocemos algunas imágenes del siglo XIX. Estudió en Madrid en la Escuela Superior de Bellas Artes. Practicó especialmente la pintura, pero el nuevo invento le llevó a retratar algunas piezas del patrimonio arquitectónico de nuestra ciudad.

Hijo de boticario, Guillermo Rodríguez es el más sobresaliente de los fotógrafos de las últimas décadas del XIX. Suyas son las dos estampas de la desaparecida Puerta de los Arcos, que fue desmontada hacia 1895.

A caballo entre el XIX y el XX, es obligado citar a Torcuato Suárez Trujillo, José Montañés Alonso, José María Calvo Lozano y Venancio Vigas.

Ya en el siglo pasado, especial mención merece Rafael Azpitarte Sánchez, un prestigioso notario que, en su afición por la fotografía, dio a la invención matices propios de la pintura, en su línea impresionista, propia de la época. Auténtico cronista fotográfico, nos dejó plasmadas escenas costumbristas, imprescindibles para reconstruir la cotidianidad de la época.

No se pueden olvidar en estas líneas otros maestros y aficionados de la fotografía, como el baezano Domingo López Muñoz –que hizo la primera serie de postales de Alcalá y las ilustraciones de la Historia de Guardia Castellano-, el también farmacéutico José Siles Benavides, Francisco Sánchez-Cañete, Valeriano del Castillo, Federico Suárez, y, especialmente, el que fuera alcalde y cronista, José Benavides Luna. De este último hay que señalar su importante legado, una extraordinaria colección de instantáneas de importantes obras de arte, desaparecidas en 1936. Sería imperdonable no recordar al artista cordobés Enrique Romero de Torres, que inventarió el patrimonio artístico de nuestra provincia.

Y aquí podría acabar la relación, pero me veo en conciencia obligado a citar, al menos, una relación, en aumento, de otros tantos que han proseguido la práctica, como profesionales o aficionados, llegando a metas de perfección y superación, acogiéndose a las corriente y nuevas técnicas de este arte.

Recuerdo al doctor Miguel Siles Murcia, Rafael y Dolores Ortiz, y Rafael Martos. Estos cuatro, junto a Luis Lupiáñez Sánchez y José Puche Ramírez, son la última conexión de la fotografía con el señalado estudio y laboratorio de los Hidalgo Puche. Les siguieron Pepe y Ramón Piñas, Manolo Garrido, Ramón Navas y Andrés García.

José Antonio Hidalgo, hijo del también fotógrafo Telesforo Hidalgo, nos actualiza esta relación. En los años 60 sobresalió Francisco de Borja Lara López, y más tarde Bernardo Ramírez, Francisco Puche (Foto Pumai), José Manuel Vega (Free Fotografos) y Jorge Moyano (Foto Avila). A principio de los 80 nació el Club Fotográfico Atalaya, que albergó a un gran número de buenos aficionados, como Bernardo Jurado, José Antonio Aguilera Bermúdez, Francisco Navas Rosales, Federico Barquero Mesa, Rosi Víboras Reyes, Aurora Alcaide, Pablo Aguilera, Rafael Gárcia Medina, José Parra Daza y muchos más. Este colectivo gozó de la afición y motivó durante mucho tiempo a otros aficionados locales, contribuyendo a la formación de una nueva generación de fotógrafos profesionales. A aquella institución le tomó el relevo la Asociacíon “El Ladrón del Tiempo”, dinamizada por Javier Pérez Marañón, Juanma Marchal Rosales, Francisco José Díaz, Francisco Lizana Piñas, Fernando del Pino, Antonio Atienza Rosales y Eva María López Pulido, por citar alguno.

Junto a las diferentes publicaciones de revistas locales de información, prensa y redes sociales, destacan en el reportaje fotográfico Manuel Aguilera Peña, Rafa Daza, Juan José Montiel, Juan Rafael Hinojosa Hidalgo, Santiago Campos García, Angélica Jiménez Sánchez, Esther Contreras, y Mariló Nieto Priego, de los que algunos unen a la fotografía su labor de articulistas. En la actualidad encontramos los estudios de Jesús Zafra, Nuria Fuentes, Sandra y José Vega, José Antonio Hinojosa Pérez, APL Estudios y Estudio Creativo, regentado por José Luis Álvarez y Elisabeth Pérez.

Para terminar, señalar que José Antonio Hidalgo Pérez, Pepehache, es, a mi parecer, la figura más sobresaliente de las últimas décadas y en él se unen las dos líneas expuestas, la de los combativos y entusiastas profesionales y la de los creadores, auténticos artistas e investigadores en el arte fotográfico.