UN CASO SINGULAR SUCEDIDO EN LA CÁRCEL DE CASTILLO DE LOCUBÍN

La Crónica Meridional, fue un diario fundado a comienzos de 1860 por el periodista Francisco Rueda López, que sería propietario y director del mismo hasta su fallecimiento en 1903. El diario, que se configuró como una publicación con un contenido más informativo que de opinión, acabaría convirtiéndose en el principal periódico de Almería. En la década de 1880 el ultra conservador Diario de Almería mantuvo una fuerte rivalidad con La Crónica Meridional, aunque nunca llegaría a superarlo.

Con el cambio de siglo el diario adoptó un nuevo formato: aumentó el número de páginas, estableciendo además un servicio de corresponsales provinciales. Durante el periodo de la Segunda República mantuvo una línea editorial independiente. Dada su larga historia, en su época llegó a ser considerado el diario decano de la prensa almeriense. Tras el estallido de la Guerra civil, el 28 de julio de 1936 pasó a ser gestionado por un comité de trabajadores, con José María González de la Torre como director. El diario continuaría editándose hasta su desaparición a comienzos de 1937.

Su dueño y editor Francisco López Rueda, (Almería, 1834 – Almería, 1903). Periodista vocacional y escritor prolífico, desarrolló una enorme labor informativa y cultural a través de La Crónica Meridional, el periódico almeriense de más larga vida (1860-1936), en cuyos más de 25.000 números se encuentra un panorama sin igual de las transformaciones tan trascendentales que vivió Almería en aquel período histórico. Lo fundó en 1860 y fue su propietario-fundador, director y redactor (a veces, único). Hombre de gran temperamento, de ideas progresistas, las propagó desde su periódico y criticó con severidad y frecuencia la actuación de las autoridades políticas, por lo que sufrió en más de una ocasión detenciones y persecuciones.

Pues bien con fecha jueves 14 de marzo de 1907 publica el periódico la siguiente noticia en el apartado de Noticias Generales, con el subtítulo de Una fuga original. Se dice: Comunican de Castillo de Locubín (Jaén), que cuando el carcelero de aquella villa fue a dar agua al detenido Juan Serrano Muñoz, se lo encontró colgado de una faja.
Asustado el carcelero por la impresión recibida, salió de la celda para dar parte del hecho, dejándose la puerta abierta.
Cuando se presentó el Juzgado para certificar del supuesto suicidio, se encontró con que el detenido Serrano se había escapado, valiéndose de esta habilidosa estratagema y descolgándose por una ventana de cuatro metros de altura.
Hasta ahora no ha sido habido el audaz fugado.

¿A qué era un caso singular?