Tomás López de Vargas Machuca nació en Madrid en 1730. En 1752 fue enviado a París junto con Juan de la Cruz (1734 -1790) por el Marqués de la Ensenada como pensionado para instruirse en el estudio de la geografía y la práctica del grabado artístico. En 1760, tras su etapa de formación en París, se instaló definitivamente en Madrid donde se acreditó como excelente dibujante y estampador de mapas.

Autor prolífico, realizó más de 200 mapas y mantuvo una editorial propia, radicada en sus sucesivos domicilios, donde además vendía sus mapas. Su labor cartográfica se centró muy pronto en la edición de mapas de las distintas regiones españolas, muchas de las cuales carecían de estos, con la intención de formar una antología completa de todas ellas, labor que se demoró en el tiempo ante la falta de fuentes cartográficas fiables. Su trabajo lo realizó a partir de la recopilación de mapas anteriores, sin trabajo de campo, en muchas ocasiones a partir de cuestionarios enviados a las autoridades de cada una de las regiones tal y como se anuncia y recoge en los sucesivos mapas que fue editando sobre ellas a lo largo de la segunda mitad del siglo XVIII.
En ellos agregó muchos datos e incorporó las divisiones administrativas creadas por la nueva organización borbónica. Su obra no se limitó a la cartografía española ya que también editó otras antologías de mapas tanto de las colonias españolas como del resto del mundo. A su muerte en 1802 sus planchas grabadas se repartieron entre su viuda y sus hijos, Juan y Tomás Mauricio, que continuaron el taller paterno y se encargaron de reeditar su abundante producción cartográfica a lo largo de las primeras décadas del siglo XIX, siendo los mapas dedicados a las distintas regiones españolas los que tuvieron mayor demanda. Su taller se puede considerar como la primera empresa cartográfica española. Su hijo Juan López además impulso la labor comercial del taller, especializándose también en la distribución y venta de mapas de otros autores tanto nacionales como extranjeros, tal y como se puede comprobar en los sucesivos catálogos de obras a la venta que se incluían en sus libros.
Sin duda de entre todas sus obras destaca por su envergadura el Atlas Geográfico de España que constituye un hito en la historia de la cartografía española y está considerado como una de las empresas cartográficas más ambiciosas de su época. Aunque fue Tomás López quien recibió en 1795 el encargo de Godoy para formarlo, lamentablemente no llegó nunca a verlo acabado y fueron sus hijos quienes al final lo publicaron en 1804. Esta magna obra reunía la antología de mapas correspondientes a las distintas regiones españolas, la mayoría ya editados por Tomás López a lo largo de la segunda mitad del siglo XVIII.
Tomás López se sirvió de un interrogatorio, acompañado de una carta circular impresa que envió a las autoridades eclesiásticas y civiles para obtener información geográfica e histórica de España. La primera carta circuló hacia 1763. En este decenio, López hizo los mapas de los reinos de Aragón y Sevilla, de las provincias de La Mancha, Guadalajara, Cuenca y Extremadura, Toledo y Murcia, Vizcaya, Ávila, Álava y Guipúzcoa, de La Rioja y España. También grabó los de las diócesis de Orense, Mondoñedo, Tuy y Lugo para la España Sagrada del padre Flórez.
En 1764 Campomanes fue elegido director de la Real Academia de la Historia y Tomás López ingresó como académico de mérito en la de Bellas Artes de San Fernando con su compañero Juan de la Cruz Cano y Olmedilla. Ambos recibieron el encargo oficial del marqués de Grimaldi de levantar un mapa de América meridional. Se les proporcionaron los mapas y papeles conservados en la Secretaría de Estado y en el Consejo de Indias. Al poco tiempo, López renunció a la que ellos llamaban su “obra magistral” por diferencias de opinión. Cruz Cano continuó trabajando hasta 1775.
Por Real Decreto de 20 de febrero de 1770, Tomás López recibió el título de “Geógrafo de los Dominios de Su Majestad”, que le permitió hacer mapas de los territorios hispánicos del Nuevo Mundo, de conflictos bélicos de actualidad, como la independencia de los Estados Unidos, y de asuntos históricos o literarios.
En 1795, por encargo de Manuel de Godoy, organizó el Gabinete Geográfico de la Secretaría de Estado con la ayuda de sus hijos Juan y Tomás Mauricio, en donde se habrían de reunir los mejores mapas. Ese año fue nombrado revisor de la Sala de Geografía del Diccionario geográfico-histórico de España de la Real Academia de la Historia. Para este Diccionario preparó otro Atlas de España en dos tomos con los mapas y planos manuscritos sueltos que poseía la Corporación: Atlas particular de los reynos de España, Portugal e islas adyacentes, con mapas suyos, y Mapas y planos de varios autores. Con la ayuda del académico y calígrafo Francisco de Santiago Palomares preparó los índices de ambos tomos y éstos se encuadernaron en 1790 y 1791 respectivamente. Muchos de sus mapas fueron legados por Campomanes y Tomás López. Al mismo tiempo, en su estudio iba terminando los mapas de las provincias para la edición de ese Atlas geográfico de España, que anunciaba en el nuevo de España (1792): en escala mayor, donde por menor están todos sus pueblos, con los que puede formarse un grueso volumen y completar el atlas de este Reyno.
Tomás López sobrevivió cinco meses al conde de Campomanes. Por ausencia del director Francisco Martínez Marina, el 18 de junio de 1802 presidió la junta académica. Asistió a las dos últimas de junio y a las dos primeras de julio. Murió el lunes 19. En el prólogo de la primera sección del Diccionario geográfico- histórico de España de la Real Academia de la Historia, Manuel Abella señala que a su diligencia debe España una completa colección de mapas y en su escuela se ha formado su hijo y digno imitador Juan López, individuo asimismo de la Academia.
Los mapas de Tomás López, reunidos en atlas por coleccionistas particulares, y luego impresos en un volumen (1804), ayudaron a mejorar el conocimiento de la geografía de España, pero no cubrieron las necesidades científicas porque su método de gabinete no era el adecuado para hacer cartografía científica.
Recogemos lo que Diego Felipe de Cifuentes, a la sazón presbítero de la Abadía de Alcalá la Real, envía a Tomás López, hemos de añadir la gran cantidad de errores que se comenten tanto en los topónimos como en el número de fuentes. Aún salvando los errores es un texto interesante para conocer nuestra tierra en el siglo XVIII.
Diego Felipe de Cifuentes manda una carta al geógrafo Tomás López en la que remite la información de lo que tiene la ciudad de Alcalá la Real y su partido, que comprendía las aldeas, Castillo de Locubín y Frailes, su fecha 19 de febrero de 1777. Un mes después, nueva misiva de Diego Felipe de Cifuentes a Tomás López informándole de los retrasos que sufría el correo, y le informa de las aguas de estas poblaciones: …y noticias de ríos y fuentes que comprehende este término. Las aguas son las mas delgadas y saludables de todas las Andalucías, baños para obstrucciones y todo genero de accidentes. Y firma la carta.
A continuación escribe el informe que dice así:
Lugar del Castillo de Locubín
Esta población esta situada a la falda de la sierra que llaman la Camuña, circundada de muchas y frondosas huertas de árboles frutales y olivares, con un río que pasa por bajo del dicho lugar, bastante crecido, que nace a el quarto de legua de él en una alameda que llaman La Navaltrillo, el que riega innumerables huertas alamedas y tres molinos de pan, otro de aceite y un batán: tiene diferentes nacimientos de agua muy particulares y especialmente el que llaman El Cantón con que [roto] surte dicho lugar, y nace a la falda de dicha Sierra de la Camuña; sus frutas son delicadas y muy abundantes.
Cuando nos refiere información acerca de la Abadía de Alcalá la Real, hace una breve historia de su pasado: Ella es “Vere Nullius”, ni esta inte[roto]fines de otra diócesis, en la que siempre han sido provi[roto] sugetos de gran mérito no solo en letras sino en calidad de casa ilustre …
Esta misma Abadía fue erigida por el señor don Alfonso 11 en el año 341 y la ritualizó el cardenal Albornoz, legado ad latere que acompañó en sus conquistas …
Es igualmente de dicha Abadía el lugar de Castillo de Locubín en que [roto] Parroquias con dos beneficios1 propios, sirvientes y capellanes, pertiguero2 y caniculario3, con ministriles4 de música …
Fechado en Alcalá la Real 1 de abril de 1789.
Como curiosidad y desde Castillo de Locubín, uno de sus presbíteros escribe una carta a Tomás López informándole acerca de La Rábita fechada el 11 de marzo de 1793. La firma el capellán de Castillo que era Forencio Felis Muñoz. Parece ser que ya se había enviado la información de esta aldea, pero no había satisfecho al geógrafo, que vuelve a solicitarla. Debo decirle en punto Rávita que esta no es para llamar la atención …
Continúa informando que lo más significativo es una ermita bajo la advocación de San José, que las tierras son malas y destaca una lagunilla de unas veinte varas. No hay monumentos antiguos, … altos como la sierra de san Pedro y algunas atalayas.
Interesantísimo el dato de población que da el manuscrito en lo referente a la población de Castillo de Locubín. Califica a Castillo como Lugar de Castillo de Locubín, la distancia con Alcalá es de 1 legua, o sea unos 5 kilómetros, y la población castillera en 1777, la cifra en 863 vecinos, que vienen ha ser unos 5.000 habitantes.
Lo que más llama la atención es el mapa que da colofón al documento y que reproducimos por su importancia y anecdótico para conocer esta tierra. Por lo que respecta a Castillo, lo señala con el dibujo de un castillo, y marca Encina Hermosa. En Cuanto a la geografía señala la Sierra de la Camuña y los arroyos del Guadalcotón y Salado.
1Cargo eclesiástico que otorgaba rentas o beneficio a su titular de ahí el nombre de beneficiado. El derecho canónico define el beneficio como un oficio eclesiástico al que están unidos de forma indisoluble cierto número de bienes.
2Es el encargado de mantener el orden en las iglesias. Ministro secular que asistía acompañando a los que ofician en el altar, llevando en la mano una pértiga o vara larga que en ocasiones estaba guarnecida de plata.
3El encargado de echar a los perros fuera de la iglesia.
4Nombre con el que se denomina a los músicos. Actuaban tanto en celebraciones religiosas como civiles. Los instrumentos que tocaban era la chirimía, sacabuche, la corneta y el bajón.